Rosa Bertran

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Albert, el bebé de Rosa y su marido Marcel, no había cumplido su primer año de edad cuando ella descubrió que él le estaba siendo infiel con una joven doctora del hospital en el que trabajaban los dos. No es que las cosas entre ellos estuvieran yendo tan bien como al principio, pero el descubrir esa circunstancia fue una sorpresa total para Rosa. Aparte de la frustración por el engaño, sentía que había perdido los mejores años de su vida poniendo todo su interés en el bienestar de Marcel, dejando a un lado su desarrollo profesional y personal por apoyar la carrera de su marido.

El divorcio fue duro. Marcel parecía el fantasma de la persona que había conocido con anterioridad, y su abogado defendió de forma brillante los intereses de su defendido. Tras el juicio, el cirujano se quedó la casa de Horta y se acordó una paga para Rosa y Albert, que marcharon a vivir no demasiado lejos, a un piso en el paseo Maragall. Rosa pidió el traslado al hospital de Sant Pau y se refugió en su trabajo, en el cuidado de su hijo y en la lectura. Lo de escribir llegó un poco más tarde.