Reseña de La noche sin Memoria, de Jordi Ledesma

Antes de entrar en materia, quiero advertir que esta reseña puede contener un exceso de alabanzas y elogios. Pero no pretendo justificarme por ello, ya que son todos sinceros y merecidos (no, no tengo comisión de la editorial). Y no puede ser de otra manera, puesto que le toca el turno a una de las mejores novelas que he tenido el placer de leer estos últimos meses: La noche sin memoria, de Jordi Ledesma, publicada por la editorial Alrevés. Adelante, pasen, vean y, sobre todo, si lo consideran apropiado, lean y disfruten de este novelón, y no se dejen engañar por su relativamente reducido tamaño: en menos de 200 páginas concentra todo lo que como lector le pido a una historia, lo que le hace merecedora de una de las mejores notas en base a mi MFFS (Mundialmente Famosa Fórmula Secreta), tal y como podrán comprobar en la sección final.

Jordi Ledesma, ESCRITOR.

En literatura siempre he huído de las etiquetas absolutas y absolutistas, y honestamente creo que La noche sin memoria no puede ser clasificada como novela negra, no al menos en base a los cánones preestablecidos. No, debe ser algo más. Tampoco es un thriller frenético de última generación con miles de tramas interconectadas. Ni siquiera es novela policíaca, aunque algún poli sí que sale. No le hace falta situar la acción en Mullholand Drive, Odessa o Tijuana. Ni siquiera en Barcelona. Pero sí es una historia coral, dura, cruel y abandonada en el pasado, con una trama muy bien hilvanada que huye de complicaciones innecesarias, un ritmo que casa perfectamente con tiempo y lugar, un protagonista principal arquetipo del antihéroe y una galería de personajes secundarios potentísimos. Y por encima de todo, con una capacidad única para hipnotizar al lector y sumirlo en un estado de suspensión de la realidad, algo que ya experimenté (aunque, siendo sincero, no con la misma intensidad) cuando leí la anterior multipremiada novela del autor, Lo que nos queda de la muerte.

Antes de asignar una calificación (personal e intransferible) a la novela, me gustaría detenerme unos breves instantes en los tres factores que, a mi juicio, la hacen tan especial y recomendable.

a) Trama y atmósfera. En sí, el punto de partida es bastante sencillo: un novelista politoxicómano regresa al pueblo donde nació, en la costa de Tarragona, para casi sin pretenderlo comenzar a investigar la desaparición de dos personas, un suceso que pasó hace más de veinte años y del que parece que en el lugar nadie tiene ganas de hablar. Las calles del pueblo son testigos mudos de la mezcla de las diferentes clases sociales que habitan ese pequeño pedazo de tierra y mar, aunque siempre hay fronteras invisibles e imposibles de cruzar: los señoritos deciden y mandan, los empleados obedecen, cumplen con lo ordenado y no hacen preguntas. La melancolía, el deseo o las sustancias alucinógenas afectan de manera diferente a cada uno según su cuenta corriente, y quién quiera progresar deberá hacer concesiones, tarde o temprano.

b) Personajes. Como decía antes, además de un narrador principal omnipresente y politoxicómano, las páginas de La noche sin memoria están jalonadas de personajes inolvidables, algunos carismáticos, otros odiosos como espejos de nuestras dudas e impotencias, la mayoría simples personas que solo anhelan vivir su vida tal y como una vez la imaginaron, con virtudes y defectos que, debido a las circunstancias y a las malas decisiones, desembocarán en tragedia para algunos, simple rutina y vagos recuerdos para la mayoría.

c) Nivel literario. Tengo la sensación de que más que de narrativa de ficción nos encontramos ante una obra más cercana a la prosa poética, tal es su capacidad de evocar diferentes sensaciones en el lector con sus frases, a veces escuetas y simples, en ocasiones complejas y pomposas. Hay numerosos párrafos que es mejor leer dos o tres veces para captar todos sus matices, cual vino Gran Reserva que se debe paladear despacio y con especial concentración.

Para demostrarlo (e ir concluyendo esta breve reseña, que ya debéis estar algo aburridos), he abierto una página cualquiera al azar y he seleccionado uno de sus párrados:

Yo, desde un rincón del Barlovento, miro a esa mujer con desconfianza, y palpo su textura inmóvil, y la recuerdo allí en el mismo punto en el que yace ahora, la recuerdo veinte años antes, embelesada entonces por el Señorito, empezando a morir por él, luchando por un pedazo de visibilidad contra la magnitud y omnipresencia de la rusa.

No hay más preguntas, señorías.

POR TODO ELLO, MI NOTA PARA LA NOCHE SIN MEMORIA ES DE:

91%

En resumen, si tenéis oportunidad de disfrutarla, no os arrepentiréis.

¡Saludos!

Pedro.

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