Reseña de Los Ángeles de Hielo, de Toni Hill.

Aunque pueda parecer un contrasentido, una de las dificultades que encuentro a la hora de escribir es que paso mucho tiempo leyendo. Considero que esto es algo absolutamente necesario si quiero progresar (como dicen mis amigos del grupo de baloncesto, “se juega como se entrena”). Así que leo todo lo que puedo para “aprender” a escribir mejor, pero sin duda necesitaría más horas en el día (y quizás un poco más de talento innato) para completar este círculo virtuoso.

En realidad, toda esta parrafada se reduce a que tengo claro que para crear algo con cara y ojos nunca hay que dejar de leer a buenos escritores y aprender de ellos. Hoy, por fin, puedo compartir una nueva reseña de la última novela de uno de esos autores. En este caso estoy hablando de Los Ángeles de Hielo (Grijalbo, 2016) y de Toni Hill. Nos encontramos ante una historia bien estructurada, oscura, de mucha introspección psicológica, ambientes góticos y trazos de novela negra que nos muestra las vidas de diferentes personajes en la Barcelona (y alrededores) de 1916, en una sociedad marcada por la Gran Guerra y la tensión social entre burguesía industrial y trabajadores, entre ricos y pobres.

El protagonista de la trama es Frederic Mayol, un joven psiquiatra de padre catalán y madre austríaca que ha pasado toda su vida a caballo de los dos países y que por tanto no se siente ni de un lugar ni de otro. Frederic se ve enfrentado a un misterio que afectará a la mujer que ama y a su lugar de trabajo: un sanatorio donde aún flotan tenebrosos recuerdos de una tragedia relativamente reciente, cuando el edificio alojaba un internado para señoritas de buena familia.

Para descubrir la verdad, nuestro hombre necesitará echar mano de todo lo que aprendió en la facultad de medicina -incluyendo una relación epistolar con el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud– con el fin de comprender el alma y las motivaciones de las personas que le rodean en esta historia espiritual, fantasmagórica e inquietante. Voy avisando (sin spoilers): no siempre lo va a conseguir.

El autor

Toni Hill es licenciado en psicología, aunque trabaja como traductor literario. En 2011 publicó su primera novela, El verano de los juguetes muertos, un éxito de crítica y ventas. Algo más tarde llegaron a las librerías Los buenos suicidas (2012) y Los amantes de Hiroshima (2014), completando una exitosa trilogía de novela negra protagonizada por el inspector Héctor Salgado.

Mi crítica

Si no lo habías leído antes (como era mi caso), nada más empezar la novela te das cuenta que Toni es un escritor con letras mayúsculas y que juega en primera división. Su estilo es sólido y brillante, y su forma de describir la psicología, los sentimientos y la forma de actuar de personajes separados de nosotros por más de un siglo es ejemplar. Toni sabe como hacer que la novela sea amena y que progrese en las direcciones que pretende, mostrando lo necesario, cuando es necesario, pero siempre dejando suficiente espacio a la imaginación del lector.

También sabe tomar riesgos en lo que se refiere al ritmo de la obra. Al contrario que muchas de las novelas negras que han llegado a mis manos en los últimos años, Toni se toma su tiempo para explicar lo que se propone, y exprime el uso de palabras y construcciones que para el lector de hoy en día pueden parecer algo desfasadas, pero que sin duda consiguen un buscado efecto en nuestra psique ya que nos capacitan para situar sin problemas la trama en el tiempo, los usos, las costumbres y la forma de hablar de aquella época. En algunas ocasiones -las menos- eso puede hacer que algunos párrafos sean algo largos, pero creedme, todo lo que está puesto está bien puesto y es necesario.

Respecto a la trama, creo que está muy bien planteada desde el principio, a pesar de la dificultad de combinar dos diferentes momentos temporales separados por unos cuantos años, al estilo de La sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón. La primera de esas tramas nos sitúa en 1908, cuando la directora de un colegio de señoritas de la alta sociedad situado en el pueblo de Sant Pol de Mar debe gestionar el último curso de varias de sus alumnas preferidas, a las que se unirá Griselda, sobrina de un potentado y que no parece encajar con el resto de niñas.

En la segunda de las historias (que como es de esperar se encuentra íntimamente ligada a la primera y que sucede ocho años después), Frederic ha llegado a Barcelona tras ser herido en la Primera Guerra Mundial mientras luchaba en las filas austríacas, de donde es su madre. Sus padres están separados desde hace años, y en Catalunya va a encontrar trabajo y a la mujer de su vida. Ambas componentes se irán ligando y desligando, acercando y alejándose de él, en base a una serie de giros argumentales en general bastante efectivos.

Estamos ante una novela de un único protagonista principal – el nombrado Frederic- pero muy coral por lo que se refiere a sus acompañantes. Del gran elenco de personajes que jalonan sus páginas, me han gustado especialmente Gerard Raventós, en el clásico rol del chico de buena familia, pasado de vueltas y atormentado por los éxitos del padre, y por otro lado Juanjo Alcázar, reportero de La Vanguardia un tanto golfo pero de buen corazón que ayuda a Frederic en las investigaciones de los trágicos sucesos en los que se ve envuelto.

Eso sí, el hecho de que haya tantos personajes y de que prácticamente todos dispongan de sus cinco minutos de gloria hace de esta una novela que -como decía antes- recomiendo saborear con paciencia. Hay que esperar a la segunda mitad del libro para empezar a deshacer el nudo que con tanto empeño el autor ha organizado en la primera parte.

Como último apunte me gustaría señalar que la verosimilitud de la historia y los mecanismos de cómo se remata, aunque supongo que va a gusto del consumidor, pueden ser opinables y que no a todo el mundo convencerá por igual. Pero para eso es literatura, para que cada uno/a la sienta como quiera… ¿o no? 😉

Conclusiones

Buena novela histórica, oscura, compleja, de trama psicológica, cuidada ambientación, entretenida y altamente recomendable.

Gracias Toni, por esta gran novela (y por la dedicatoria que me firmaste durante el pasado festival Cubelles Noir).

Pedro.

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