Tempus Fugit

Como quizás habéis podido comprobar, hacía tiempo que no subía nuevas entradas a este blog. La razón es muy sencilla: estoy intentando escribir la nueva novela, con todo lo que ello conlleva. Entre otras cosas, concentración y frustración. Don’t worry: intentaré explicarme en los siguientes párrafos.

Aparte de escribir, también sigo tratando de aprender, por ejemplo leyendo otros libros en mi limitado tiempo libre, pero me es muy difícil progresar. En primer lugar, de nuevo parece ser una cuestión del reloj: uno no da abasto para todo, sobre todo cuando tiene un trabajo “normal” (nótense las comillas) y una familia que merece que le dedique toda la atención necesaria. También parece ser un problema de dispersión: actualmente estoy leyendo dos novelas, un thriller psicológico de una extrovertida y simpática autora (rubia y de Barcelona, para más señas), y otra de un superventas americano (miembro de la realeza), y la verdad es que avanzo a duras penas. A la vez, estoy leyendo Sangre en los estantes, la antología de autores negrocriminales de Paco Camarasa. Por eso tampoco he subido reseñas últimamente. En fin, a ver si acabo alguno y me pongo.

Por supuesto, después de esos que he mencionado, en mi particular estantería de los libros pendientes (algo que cada lector apasionado seguro tiene en casa) hay ahora mismo 12 novelas por leer, y un par de ensayos muy interesantes (Sapiens de Yuval Noah Harari entre ellos).

También me gustaría asistir a más presentaciones e interaccionar más con los que aspiro a que sean mis colegas, pero mi agenda está a tope tanto entre semana como el finde. Por favor, disculpadme. Yo tampoco pensaré mal cuando tenga que hacer una y vengan sólo mi familia y dos o tres incondicionales.

¡Glups! ¡Acabo de recordar que ya llega BCNegra 2017!

Pero no me estoy quejando, no es esa la cuestión. Tal como está el mundo (y no hay que irse a Alepo o a Corea del Norte para comprobarlo), no debo ni me quiero quejar. Aquí, que cada palo aguante su vela, y por suerte yo no dependo de unos ejemplares de más vendidos a final de mes, ni me veo presionado por una editorial o un agente que exigen resultados a corto plazo.

Y lo más importante es que aún me divierte escribir (la mayoría del tiempo). No tengo prisa por acabar la novela a costa de comprometer su “posible” calidad, un nivel de calidad al cual en realidad no estoy muy seguro de poder llegar, puesto que ante todo soy muy autocrítico con lo que escribo. Pero si no la termino, no será por no haberlo intentado, y me quedaré con los buenos momentos. Cabe destacar que la novela ya ha cobrado vida propia, y tras unas jornadas intensivas en Navidad, se rebeló y me dijo: ‘Hasta aquí hemos llegado. Al menos la mitad de lo que has escrito es basura, y vas a tener que replantear la trama si quieres que siga contigo’. Entiendo que no soy el único al que le ha pasado esto alguna vez.

Con lo que sí empiezo a tener problemas es con la masificación de los mensajes triunfales de los autores/as a los que sigo (que son muchos). Entiendo que es una cuestión de marketing (si no te vendes, no te compran), pero para mí esa es con probabilidad la segunda parte más fastidiosa del proceso (por supuesto, después de la de corregir el manuscrito). A raíz del lanzamiento de La falsa metáfora del Péndulo de Newton, como es lógico, en redes sociales aumenté mi participación y mi seguimiento de otros autores, algunos conocidos, la mayoría por referencias. El caso es que me siento muy cómodo y contento con toda esa gente que he podido conocer personalmente en presentaciones y festivales. Lo que me hace dudar es la presunta avalancha de éxitos de muchos otros autores indies (los mediáticos, esponsorizados y premiados son otra división, muy por encima y ahí ya no me meto). Leyendo sus declaraciones en RRSS (atrayente, adictiva, trepidante, engancha, no la podrás dejar de leer, apasionante, ¿Te lo vas a perder por 0,99 Euros?, etc..), al parecer el único que ha vendido sólo 300 ejemplares de una novela de mierda soy yo. Eso me hace dudar de si todo el tiempo que dedico a esta actividad (mucho o poco, que cada uno decida) es suficiente o realmente no vale la pena adentrarme en esa selva y sería mejor quedarme en un lugar civilizado y cultivar lechugas y tomates en un pequeño huerto urbano. O en su defecto, dedicarse al puro placer de leer. Que ya es mucho.

En fin, supongo que el día lluvioso y gris que percibo desde mi ventana ha contribuido a la melancolía de este post. Pero NO: no voy a dejar de escribir, eso está fuera de duda. Aunque sea para mí y para mi gente más cercana, acabaré la novela lo mejor que pueda y sin prisas. Y leeré todos esos libros de la estantería. Y jugaré con mis hijos, saldré con mis amigos a tomar unas cañas y aprovecharé lo mejor que pueda las oportunidades de la vida y las breves puntas de felicidad inconsciente. Y todo ello, a pesar del Tempus fugit.

¡Un saludo!

Pedro D.

(*) Tempus fugit (el tiempo huye, el tiempo se escapa, el tiempo vuela) es una locución latina que hace referencia explícita al veloz transcurso del tiempo. La expresión parece derivar de un verso de las Geórgicas del poeta latino Virgilio (70 a. C.- 19 a. C.)

Fuente: Wikipedia.

4 comentarios sobre “Tempus Fugit

  1. Como sabes estoy esperando tu segunda novela, y como también sabes la leeré del tirón. Por suerte (o no) soy de las personas privilegiadas que seguiré leyendo todo lo que escribas, ya sean post, cuentos o novelas. Estaré ahí, para lo bueno y para lo malo….. El día no acompaña, pero “por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”.

    1. Gracias Silvia.

      Bueno, eso de “de mierda” es el resultado de un momento de furia repentina. Ni lo creo ni lo diré más, porque con sus aciertos y sus errores estoy muy contento de haberla escrito.

      Estamos en acabar la segunda, sólo que la trama me está poniendo “trampas”. Lo superaremos je je je

      El mensaje está claro. Por cierto, ¿cuándo hablamos y me pasas aquel cuestionario que tenemos pendientes?

      Un abrazo, yo también espero la continuación de las aventuras del Sergent Perales.
      Pedro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *