Microcuento: “Cocina, baño, polvo”

Ella apaga el último de los fogones con el que había estado preparando amorosamente la cena. Sin perder un segundo, recoge los cacharros y ordena la cocina. A continuación se esmera en completar la limpieza que el lujoso piso necesitaba. Su mayor deseo es que él se sienta satisfecho y cómodo al llegar a casa.

Algo más tarde, entra en el aseo para tomar un ducha, breve y relajante. Se peina, se maquilla, y se pone el vestido negro y ceñido que él le había comprado en unos grandes almacenes. Quiere estar perfecta para cuando llegue.

De repente, oye como una llave gira en la cerradura de la puerta principal. Se mira en el espejo y se recoloca una de las pinzas en el pelo. Seca la encimera, recoge apresuradamente las toallas húmedas, y las guarda en el cubo de mimbre con el resto de la ropa para lavar. De un salto, sale al vestíbulo a recibirle como se merece, bella y radiante.

Él la mira de soslayo y le dedica una tímida sonrisa que dura una fracción de segundo. Parece cansado. Se lleva la mano a la americana y saca un sobre del bolsillo interior, que deja en el mueble del recibidor. Le agradece el buen olor de la comida y el impecable estado de la vivienda, y se dirige a su despacho. Antes de desaparecer, lo último que le dice es que cierre la puerta con llave al salir, y que puede volver el martes que viene a la hora de siempre.

 

Pedro D. Verdugo.

 

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