SomNegra.com, librería online especializada en género negro

Cuando empecé con la aventura de escribir «La falsa metáfora del Péndulo de Newton«, principalmente me preocupaba el ser capaz de expresar correctamente la idea que tenía en mente de la historia, con todas sus complejidades y sus giros argumentales. Pasé meses combinando las diferentes tramas, primero en mi cabeza, luego en tarjetas, después usando una hoja de cálculo, y finalmente plasmándolas en un procesador de textos. Cuando acabé el proceso, de la idea inicial quizás quedaba un escaso 20%.

Pero lo que nunca planeé durante todo ese tiempo fue lo que venía después de escribir la novela. No sólo las actividades técnicas como la maquetación del texto o la producción de la portada, sino la parte más complicada para un novato como yo: La propaganda, la logística, cómo hacer llegar el libro al máximo número de gente. Pero incluso antes de estos pasos, era necesario encontrar a alguna empresa que pudiera imprimir lotes pequeños de libros bajo demanda, con buena calidad y a buen precio. Y esa empresa, amigos y amigas, existe y se llama Amazon. De hecho una de sus subsidiarias, CreateSpace.com, fue la opción que escogí para las tareas de impresión del libro. Y no puedo estar más satisfecho. Son rápidos, hacen buenos precios, puedes pedir de uno a mil ejemplares y la calidad de impresión es correcta.

No obstante, no planteo este post como loa a una empresa tan popular, que no necesita que un Don Nadie como yo le haga la pelota, sino como reflejo de una situación a la que se ha llegado por diferentes factores, incluyendo precisamente la eclosión de Amazon como librería online: Los problemas a los que se enfrentan las pequeñas librerías (físicas y online) que salpican nuestra geografía. Para ellas es tremendamente complicado competir con este gigante de la logística, y con muchos otros lobbies estatales (e internacionales) del ocio fácil. Pero no son estas corporaciones sus únicos enemigos.

Sí amigos. En este país de Sálvames y Gran Hermanos, de piel de toro, cainita, futbolero (y que conste que me gusta el fútbol) y dividido, parece que cada vez nos guste más que piensen por nosotros (y ya veremos lo que pasará en las próximas elecciones del 26J, aunque una de mis máximas es ‘siempre espera lo peor, por si acaso’). Aquí la cultura tiene su más acérrimo enemigo parapeteado en los ministerios de Cultura y de Hacienda, el IVA es de los más elevados de Europa y la lectura no se fomenta en las escuelas. Acabo de leer Fahrenheit 451 de Ray Bradbury y en mi opinión nos encaminamos peligrosamente a ese modelo de sociedad embobada.

Una de estas librerías online que pugnan por sobrevivir en estos tiempos difíciles es SomNegra.com, regentada por el entusiasta Miguel Ángel Díaz. La librería ha llegado a una situación límite, como explica el propio Miguel Ángel en esta entrada de su blog que habla por sí misma. Todo mi apoyo para él y para sus compañeros de profesión.

¿Y qué podemos hacer?

Para mí, la solución es bien sencilla. No hace falta renunciar de forma tajante a las grandes marcas como Amazon o Fnac. De hecho, de vez en cuando son opciones muy válidas para descubrir ese libro que no buscabas sino que él te encuentra a ti. Pero entre todos, especialmente los escritores (o los que aspiramos a serlo), deberíamos fomentar la compra en esas otras pequeñas librerías, donde la misma persona que abre las cajas, limpia los cristales o hace la declaración de autónomos es la mayor experta de la comarca en novela negra, romántica o de ciencia ficción distópica. Esos locales donde huele a libro viejo, a amor por las letras. Esas tiendas que a veces tienen telarañas en las estanterías pero donde siempre te van a tratar de forma personalizada, amable, y te van a recomendar la mejor opción para tus lentes de lectura.

Y entre ellas incluyo, por supuesto, a las librerías online que luchan por sobrevivir en este mundo global, como SomNegra, Mucho Más que un Libro o cientos de otras. Si caen, caemos todos y la cultura se convertirá -si hay suerte- en una especie de supermercado cárnico donde se vendan los libros a peso. Si no somos tan afortunados, simplemente desaparecerá y todos las historias se leerán en la pantalla de forma pasiva y sin posibilidad para la imaginación, en forma de telefilme .

Por mi parte, hace tiempo que intento fomentar esos últimos bastiones de la pequeña cultura. Por ejemplo, desde el sillón de mi casa hoy he adquirido en la librería de Miguel Ángel la última novela de Víctor del Árbol, «La víspera de casi todo». Espero que muchos podáis seguir el ejemplo y que posibilitemos entre todos su supervivencia, facilitando que esta y otras pequeñas empresas continúen recomendándonos las mejores opciones para nuestra próxima lectura. Todos ganaremos.

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