Sinopsis y Primer Capítulo

 


SINOPSIS

Tras obtener de forma inesperada su ejemplar de la segunda novela del escritor maldito Olivier d’Antoni, Alex no podía ni siquiera llegar a imaginarse la serie de acontecimientos que iba a protagonizar una vez terminada su lectura. El tiempo se iba a encargar de demostrarle con creces de que no estaba preparado para la extraña propuesta que encontró manuscrita en aquella maldita última página.

Los días previos a la convocatoria estuvo meditando profundamente sobre si debía o no acudir. El propósito y los detalles proporcionados, así como el método de captación, le parecían confusos, y percibía algo oscuro en todo aquel asunto. Se dio algún tiempo más de reflexión, pero llegado el día anterior a la cena todavía no había decidido qué hacer. Entonces evaluó por enésima vez la propuesta recibida y las dudas que le había generado.

En un lado de la balanza colocó el sentimiento surgido desde lo más profundo de su alma de que por una vez, el azar lo había seleccionado para algo que se apartaba de la rutina. Más que eso: había sido escogido para algo excepcional y fuera del orden establecido de su previsible existencia, que siempre le había parecido escrita de antemano en un guion del que hasta entonces nunca había podido escapar. En el otro lado situó su propia actitud reservada y un tanto timorata ante los nuevos retos que le presentaba la vida. Era consciente de que en general no era ni un osado ni mucho menos un valiente. Se había conformado con perder a Marta sin apenas pelear por ella cuando se marchó de casa, y se sentía algo desconcertado y temeroso en las escasas ocasiones en que una nueva relación parecía vislumbrarse en el horizonte. Lo nuevo le desgastaba demasiado la mente, pero sobre todo le angustiaba el corazón.

Sin esperarlo, aquella cita se iba a convertir en la antesala de un mundo totalmente desconocido para él, un mundo en el que nada es lo que parece, en el que todos mienten y todos tienen algo que ocultar y algo de lo que temer. La velada se iba a saldar con numerosos cambios en las vidas de los que allí habían sido convocados. Algunos drásticos, otros totalmente irreversibles.

En esta su primera novela, “La falsa metáfora del Péndulo de Newton”, P.D. Verdugo ofrece al lector una clásica historia de género negro, localizada en la Barcelona actual y adaptada a esta nueva y desconcertante era en la que todos parecemos vivir en algún punto indefinido entre el aislamiento más absoluto y la interconexión total.

PRIMER CAPÍTULO.

Sábado, tres de enero. 15:30 de la tarde.

Zona alta de Barcelona.

 

Tras unos minutos de tensa espera, el dueño de la mansión había conseguido su propósito. Por fin se encontraba a solas. Preparó un segundo whisky con hielo, él que siempre se había jactado de ser abstemio practicante. Por si acaso, volvió al ordenador de su despacho y envió por correo electrónico tres nuevas copias de su declaración. A sus espaldas, sobre una repisa de la librería descansaba la foto en blanco y negro de tres sonrientes jovenzuelos. Se encendió un habano y se dispuso a saborearlo a conciencia. Apuró el vaso de bourbon y dio una última calada intensa al puro. A continuación lo apagó con fuerza contra un cenicero de cristal. Arrancó a toser. Una tos plomiza y apagada, casi un gemido.

Usando una pequeña llave, abrió uno de los cajones de su escritorio, aquel que siempre había mantenido escrupulosamente cerrado. Sacó de su interior una caja de color púrpura que contenía un pequeño objeto oscuro y pesado, envuelvo en un pañuelo de seda rojo. Era una pistola semiautomática. Había llegado la hora de ajustar cuentas…

 

Cuatro meses antes.

Piso de Álex Alsina, zona del Eixample. Barcelona.

 

Al filo de la medianoche, una inesperada llamada de teléfono rompió la concentración de Álex mientras revisaba en el sofá unos informes que se había traído del trabajo. Tras escuchar el tono por tercera vez, decidió responder a pesar de no reconocer el número que aparecía en el visor del terminal. No sabía que estaba a punto de atender a una de las llamadas más desconcertantes de su vida.

─¿Sí? ─preguntó con cierta desgana.

Le respondió una voz masculina, amable y formal, con un cierto acento que no pudo identificar.

─Buenas noches. ¿Podría hablar con el señor Álex Alsina?

─Soy yo. ¿Qué desea?

─Llamo de la editorial Cortés-Pavía.

─¿De una editorial? Lo siento, no tengo interés en comprar nada, y menos libros. Ya tengo demasiados.

─Por favor no cuelgue, señor Alsina. No pretendo venderle nada, pero tengo una propuesta que quizás le interese.

El tipo del otro lado había logrado captar su atención.

─Bien, usted dirá.

─Es en relación a un manuscrito original que nos envió hace un par de años.

─¿Un manuscrito?

─De una novela de ciencia ficción titulada El viaje de papá.

─Vale, ahora lo recuerdo. Envié ese manuscrito a algunas editoriales, incluida la suya. La verdad es que como en aquel momento no recibí respuesta alguna, si le soy sincero no esperaba recibirla ya.

─¿Le puedo preguntar si ha seguido escribiendo?

─No. Aquella fue mi primera y última novela. Supuse que no tenía suficiente talento como escritor y lo dejé correr

─Debe entender que los procesos editoriales requieren de un cierto tiempo de maduración. Considérese afortunado, ya que no es habitual que accedamos a leer obras de autores desconocidos.

─Entonces, ¿están interesados en esa novela? ─Álex se incorporó en el sofá mientras notaba en el pecho la intensidad de los latidos de su corazón.

─Digamos que su estilo tiene posibilidades. Pero, como le dije al principio, no nos precipitemos y vayamos paso a paso. Primero me gustaría hacerle algunas preguntas.

─Sí, claro. Adelante.

─¿Conoce a nuestro autor Olivier d’Antoni? ¿Lo ha leído?

Por supuesto que conocía la obra de aquel autor. Al igual que en su caso, una única novela hasta ese día, pero con un resultado muy diferente. Recordó como casi seis años atrás Olivier d’Antoni, un escritor totalmente desconocido, había conseguido el clamor unánime de crítica y público con la novela El artesano de almas, primera entrega de una trilogía fantástica que la editorial había bautizado con el nombre genérico de El cielo en tinieblas, y que por el momento parecía haber quedado interrumpida.

En aquella primera pieza, un grupo de perdedores habituales sin presente ni futuro coincidían en una ciudad sin nombre ─pero que apuntaba a la Barcelona de finales del siglo XIX─ para dar lugar a una trama coral de pura y tensa literatura negra repleta de impostores, intrigas, traiciones y misterios por resolver en una urbe oscura y gótica, de nieblas permanentes, calles laberínticas, siniestras mansiones y bellas y enigmáticas damas.  Lideraba la acción un joven y aguerrido aprendiz de detective, que suplía su falta de experiencia vital con sobrada determinación y unas indudables dotes intuitivas. Al principio de la historia su maestro y mentor era asesinado a sangre fría por un desconocido y, movido por el deseo de venganza, el muchacho se introducía en los bajos fondos de la ciudad buscando al culpable. En su periplo, al protagonista le tocaba lidiar con un inframundo sorprendente y regido por unas reglas diferentes a las del resto de la comunidad. Algunos personajes eran oscuros e intrigantes, y otros, a pesar de las circunstancias, estaban llenos de optimismo y mostraban un absoluto apetito por la vida. A medida que transcurría la novela, el inocente aprendiz maduraba a trompicones, viviendo experiencias al límite. Gracias a ello llegaba a sorprendentes conclusiones, entre las que destacaba la certeza de que su preceptor no le había contado toda la verdad sobre sus circunstancias. La primera parte concluía con una hábil y brillante puesta en escena del conflicto final entre varios de los protagonistas y antagonistas, generando un clímax con un alto grado de suspense y dejando diversas cuestiones pendientes de ser resueltas en una hipotética continuación de la obra.

El éxito de la novela fue tan inesperado como absoluto. Tras un tímido inicio de vida comercial basado en el boca a boca de los lectores, desde la editorial se programó una intensa campaña publicitaria a nivel nacional, en diferentes soportes y sin escatimar gastos. El autor apareció en múltiples entrevistas de radio y televisión, ruedas de prensa, reportajes, eventos literarios y suplementos dominicales. Su impostado aspecto y refinados modales de dandy de hace cien años le ayudaron a convertirse en una celebridad, casi en un icono mediático. Su rostro reflejaba una madurez bien llevada, rematada por unos ojos penetrantes de color azul zafiro.  Aparecía en público siempre impecable, por lo general con traje de chaqué de color oscuro y raya diplomática, pantalones perfectamente planchados y americana de un botón, chaleco a juego, camisa clara y un gran pañuelo rojo anudado al cuello. Coronaba su cabeza un sombrero de copa o en ocasiones un bombín, que cubría un cabello oscuro, rizado y rebelde en escalada melena. La aguileña nariz quedaba algo suavizada por un gran bigote inglés acabado en puntas hacia abajo y una perilla bajo los labios en forma de gota invertida. Durante las entrevistas, en un estudiado gesto, gustaba de consultar la hora en un clásico reloj dorado de bolsillo. Su estilo marcó tendencia una buena temporada. Y lo más importante para la editorial: vendió cientos de miles de ejemplares de su libro, que poco después fue traducido a varios idiomas.

Más allá de su imagen y de su novela, poco se sabía del autor. Nadie pudo descubrir quién había sido hasta ese día, cuál era su origen, qué obras había escrito con anterioridad, su lugar de residencia, si tenía familia, o quienes formaban parte de su círculo de amistades. Desaparecía sin dejar rastro al final de cada entrevista o aparición pública, escoltado por la gente de la editorial, y no se volvía a saber de él hasta el siguiente evento. Durante más de un año y medio d’Antoni logró navegar con éxito sobre la ola mediática, hasta que su momento de gloria pareció desvanecerse cuando anunció en televisión su intención de continuar con la segunda parte de la trilogía. A partir de aquella declaración, la imagen bohemia del escritor desapareció de la escena pública como si de un truco de magia se tratara. Por lo que se rumoreaba, pasados unos meses ni siquiera sabía de su paradero el presidente y propietario de la editorial, el célebre millonario y mecenas Ramon Maria Cortés. Muchos de los ansiosos lectores de la primera parte esperaron en vano el lanzamiento de su continuación. Numerosas hipótesis tomaron cuerpo, primero en los ambientes literarios, más tarde entre el público en general: se especulaba con la posibilidad del suicidio del autor en un país lejano, o con la idea de que aquel personaje fuera tan solo la imagen pública de un juego experimental concebido por un grupo de periodistas locales que deseaban preservar su anonimato.

Álex no creyó nunca en ninguna de aquellas teorías conspiranoicas. Suponía que d’Antoni habría sufrido una crisis creativa o que, simplemente, estaba cansado de tanto trajín y se había tomado un período sabático antes de publicar la segunda parte de la trilogía. Ese período llegaba ya casi a un lustro sin noticias del autor, por lo que su figura mediática se fue transformando en un mito del pasado reciente. Se creó una especie de leyenda maldita alrededor de su desaparición, a tono con los protagonistas de su obra. Con el paso del tiempo, el público se olvidó poco a poco del escritor, y emprendió la búsqueda de nuevos iconos a los que idolatrar con fecha de caducidad.

De pronto, Álex cayó en la cuenta de que su interlocutor le había hecho una pregunta, y se apresuró a responder.

─Sí, claro que conozco a d’Antoni. Leí su primera novela.

─¿Y qué le pareció? Sea sincero, por favor.

─Me encantó. No le puedo decir otra cosa.

─¿Y le gustaría leer pronto la segunda parte de su trilogía?

─A decir verdad, ya había perdido toda la esperanza. Pero presiento que usted me puede dar buenas noticias.

─Todo a su tiempo, señor Alsina.

El resto de la entrevista se dividió entre más preguntas sobre d’Antoni y su obra, y las cuestiones relativas a la propia novelita de Álex. Entonces el empleado de la editorial decidió dar por concluida la conversación.

─Muy bien, señor Alsina. Con todo esto que me ha contado me puedo hacer una idea de sus gustos, capacidades y preferencias literarias.

─¿Y ahora qué? ─Álex no pretendía sonar impaciente, sin embargo el motivo de la llamada seguía siendo algo confuso.

─Bien, a partir de mañana presentaré las conclusiones de mi informe a los directores, y ellos considerarán los próximos pasos a seguir en el caso de que sigamos interesados en su trabajo. Muchas gracias y buenas noches, señor Alsina.

Sin esperar respuesta, la persona al otro lado colgó el teléfono.

 

Unas dos semanas después, el sábado por la tarde Álex dormitaba en el sofá cuando llamaron al timbre de su piso. Al abrir no había nadie esperando en la puerta, tan solo un paquete en el suelo. Dentro encontró un flamante ejemplar de la segunda parte de la trilogía de d’Antoni. Se sorprendió puesto que, aunque sonaban rumores de una inminente salida a la calle, la segunda novela no se encontraba aún disponible para el público.

Al instante empezó a leerla. En los días siguientes, sacando tiempo de aquí y de allá, pudo acabarla. Sin lugar a dudas, cumplía con creces las expectativas generadas: enganchaba con un buen principio, mantenía el tono fantástico y ágil y, a través de diversas aventuras y desventuras, dejaba la trama patas arriba, y a nuestro héroe, el joven detective, entre la vida y la muerte, a expensas de la finalización de la trilogía.

Tras terminar el apasionante último capítulo, Álex cerró los ojos e inspiró profundamente, mientras una breve e intensa sensación de felicidad invadía su cuerpo. Sin apenas solución de continuidad, el sentimiento de satisfacción se transformó en ansiedad por conocer lo antes posible el final de la historia. No obstante, presentía que el autor tenía la perversa intención de hacer sufrir de nuevo a sus seguidores con una larga espera hasta la entrega de la tercera parte. Pero esa no fue la última de sus sensaciones aquella noche. Al pasar por casualidad la penúltima página del libro descubrió una nueva sorpresa: un inesperado epílogo, escrito a mano y rubricado en tinta de color azul.

Una vez superado el desconcierto inicial, enfocó de nuevo sus pupilas hacia el enjambre de palabras azules desparramadas sobre el fondo blanco de la página. A primera vista parecía tratarse de algo parecido a una dedicatoria escrita en un estilo de letra comprimido, recargado y barroco. Escamado por lo poco corriente de la situación, se dispuso a leer aquellas misteriosas notas manuscritas. A cada renglón su corazón se aceleraba con más rapidez, y la sorpresa se transformó en genuina incredulidad.

EPÍLOGO

Estimado Álex, me hago cargo del sobresalto que esta última página de la novela puede haber causado en ti. Por favor, acepta mis disculpas por adelantado si ese es el caso. No obstante, y por tu propio interés, te agradecería que la acabaras de leer.

Soy Olivier d’Antoni y prometo por mi honor que he escrito estos párrafos de mi propio puño y letra. Tienes en tus manos un regalo muy especial, ofrecido a un número muy reducido de mis seguidores más fieles. Eres poseedor, por tanto, de un libro único y extraordinario, y espero que hayas disfrutado de su lectura tanto como yo lo hice al escribirlo. Pero en tu caso en especial, su valor real empieza ahora, tras concluir el último capítulo y toparte con este epílogo. Me encantaría conocer tu opinión, saber que el esfuerzo dedicado estos cuatro años no ha sido en vano, y que estás impaciente por conocer el desenlace de la historia. En ese caso, tengo buenas noticias para ti: he organizado una pequeña reunión literaria para que, si te apetece, tú y unos pocos afortunados más podáis conocerme en persona y tengamos la ocasión de debatir sobre el devenir de este fantástico cuento. Espero que el beneficio pueda ser mutuo: conozco tus capacidades, puesto que he podido revisar el manuscrito que enviaste a la editorial Cortés-Pavía. Intuyo en ti un interesante potencial como escritor, y me encantaría poder ayudarte en un futuro próximo.

Deseo insistir en que esto no es una broma. Al contrario, mi propuesta es totalmente sincera. Cenaremos en buena compañía, charlaremos, y habrá sorpresas relacionadas con mi trilogía.

Llegados a este punto, me es necesario rogarte un cierto nivel de discreción, algo imprescindible para el correcto progreso de mis planes. Estas son mis condiciones:

  1. No extravíes este libro, puesto que es tu salvoconducto para una experiencia extraordinaria.
  2. No hagas público el contenido de su epílogo, ni siquiera lo comentes con tus amigos o familiares.
  3. Acude en solitario a la reunión.

      Esta será cancelada si cualquiera de mis requisitos no es cumplido por alguno de los invitados. Es muy importante que traigas contigo este ejemplar, ya que es tu invitación personal, certificada con mi propia firma.

La velada tendrá lugar el próximo 28 de noviembre, viernes, a las 22:00 horas, en el número 12 de la Avenida Marqués de Argentona de la ciudad de Barcelona.

      Sinceramente, Olivier d’Antoni.

      Álex tuvo que repasar la inesperada propuesta un par de veces más hasta llegar a entender totalmente su significado y sus posibles implicaciones.

 


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