Concierto Pink Tones en Barcelona

Es posible que esta breve y torpe introducción sea innecesaria, pero para los que no lo tengan aún demasiado claro, Pink Floyd fue una banda de rock inglesa que evolucionó desde el rock psicodélico de sus primeros años hasta llenar estadios de fans enfervorizados, pasando por el rock progresivo en la década de los setenta y siendo considerados como uno de los grupos más influyentes de la historia del rock.

A mediados de los años sesenta, cuatro amigos estudiantes de una universidad politécnica cercana a Londres y con inquietudes artísticas –Syd Barret (guitarrista, vocalista y compositor principal), Roger Waters (bajista), Nick Mason (batería) y Rick Wright (teclista)- crearon un grupo a medio camino entre lo experimental, lo visual y lo musical. Tras obtener un cierto éxito con sus primeros discos psicodélicos, obra de la mente de Barret afectada por el consumo de LSD, los problemas de comportamiento de éste causaron que el grupo decidiera sustituirlo -primero temporalmente, luego de forma definitiva- con otro guitarrista, David Gilmour. Barret acabó abandonando el grupo en 1.968, dejando a la banda en su formación más clásica y reconocida.

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Wright, Gilmour, Waters & Mason

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Syd Barret

Tras unos años titubeantes en los que el grupo probó diferentes conceptos creativos, Roger Waters se alzó con el liderazgo de la banda a principios de los setenta, creando unas letras filosóficas y profundas que marcaron la entrada del grupo en la escena progresiva, con álbumes conceptuales tan míticos como «The dark side of the moon» (1972), su primer gran éxito planetario (y en mi modesta opinión uno de los mejores LP’s de la historia), «Wish you were here» (1975), «Animals» (1977) y la obra creativa cumbre de Waters «The Wall» en 1.979.

A partir de ese momento el pulso creativo entre Waters, más centrado en la letra y el concepto visual, y Gilmour, mejor preparado para la melodía y el concepto musical, avivó una crisis en el grupo que se solucionó con la salida de Waters de él, no sin antes publicar un último trabajo conjunto de poco recorrido, «The final cut» en 1.983. El mismo Waters demandó a sus antiguos compañeros exigiéndoles que nunca más pudieran utilizar el nombre ‘Pink Floyd’ como grupo ya que según él, la idea inicial se había agotado creativamente.

Los demás miembros se negaron a aceptar esa resolución y Waters perdió el caso aunque se quedó con los derechos sobre los espectáculos audiovisuales del grupo, la mayoría de canciones de «The Wall» y todo «The final Cut». El resto del grupo siguió con su carrera como ‘Pink Floyd’ grabando el disco de gran éxito «A Momentary Lapse of Reason» (1987), mucho más influenciado por el instinto comercial y melódico de Gilmour. Finalmente, en 1994 el conjunto sacó su último álbum realmente como los Floyd, ‘The Division Bell’, donde ya se nota la veteranía de los tres restantes componentes. Hay que decir que en el 2014 -tras la muerte de Wright- aún salió a la venta «The Endless River«, un disco de música de ascensor que puede haber reportado algún beneficio a Gilmour, Mason y los herederos de Wright, pero que no debe ser considerado como un disco real de los Pink Floyd.

Roger Waters, por su parte, ha seguido viviendo de rentas en base a su mayor éxito creativo, sobre todo a raíz del macro concierto The Wall – Live in Berlin.

La última aparición de los cuatro integrantes de la versión clásica del grupo, al parecer una vez superadas las diferencias entre Gilmour y Waters, sucedió durante el Live 8, cuando interpretaron cuatro de sus grandes éxitos. Wright, el teclista, murió el 2008. Previamente nos había dejado Syd Barret en el 2006, que nunca pudo superar el estado de aletargamiento producido por las drogas químicas en su cerebro.

En definitiva, que los Pink Floyd son historia, al menos en su rendimiento en directo ya que tanto Gilmour como Waters han rechazado las posibilidad de una nueva reunión, y Wright ha fallecido. Pero hoy podemos disfrutar de ellos mediante un placebo, un sucedáneo: los grupos tributo, que pueden ser considerados como una extraña anomalía en el ecosistema del pop y del rock, tal y como lo entendíamos hasta hace una década. Pero el concepto por sí es antiguo en el mundo de la música. ¿O es que cuando murieron Beethoven o Verdi se dejaron de representar sus composiciones?

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Los fans de los Pinktones, justo antes de entrar a la sala.

Ayer, 7 de mayo, tuve la oportunidad de disfrutar (una vez más, debe ser la quinta) en la sala Barts de Barcelona del show ‘On the Wing‘ de uno de estos grupos tributo, los aplicados y efectivos Pink Tones liderados por el gran Álvaro Espinosa, un virtuoso de la guitarra (y de varios otros instrumentos), y apoyado magistralmente por el resto de la banda: Antonio Fernández (Batería), Nacho Aparicio (Teclados), Pipo Rodríguez (Saxo y guitarra), Cefe Fernández (Bajo) y las guapas coristas Ángela y Cristi. A ellos no les gusta demasiado la etiqueta de ‘grupo tributo’, sino que prefieren ser denominados como intérpretes de la música de Pink Floyd. Creo que actualmente es una de las mejores opciones -junto a los Australian Pink Floyd- para contemplar y disfrutar en directo de las canciones del grupo original, sin perder potencia ni calidad musical.

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Tras un inicio de concierto afectado por unos pequeños problemas de sonido que fueron solventados rápidamente (la voz de Álvaro parecía ser cubierta por el sonido grave de la batería), el grupo procedió a liquidar el álbum ‘Animals’ de forma impecable, aunque me pareció que la coordinación entre los componentes no estaba tan trabajada como con el resto de canciones del concierto, que probablemente tienen más por la mano. Pero fue de cualquier manera un gran inicio, y de ahí en adelante solo hubo mejoras en la ejecución y en la comunión entre banda y público. Los temas se sucedieron, siendo Time, Money, o Echoes los más celebrados por la gente en esta primera parte. Aunque la música de Pink Floyd nunca ha sido creada para mover demasiado los pies, el formato de la sala con todo el mundo sentado en una butaca evitó cualquier intento de movimiento del público más allá del acompañamiento con palmas y los hurras al final de cada pieza.

Así, la primera parte concluyó con una brillante puesta en escena del LP «Wish you were here», poniéndonos a todos la piel de gallina con la canción del mismo nombre. Tras un breve receso, la banda volvió a escena con más éxitos coreados y celebrados por el público, culminadas con el siempre imprescindible ‘Comfortably Numb’ que puso al auditorio de pie en sus últimos compases. En total, más de tres horas de rock progresivo e intensidad en el escenario. Mis felicitaciones más sinceras para todo el grupo. Creo que los Pink Floyd reales estarían bien satisfechos de la forma de interpretar sus canciones originales. Por mi parte, voy a seguir asistiendo a sus conciertos cada vez que acudan a la ciudad condal.

Por cierto, al acabar, Álvaro nos anunció algo muy grande para dentro de unas pocas semanas, ¡así que permanezcan atentos a la sintonía de los Pink Tones!

¡Saludos!

Pedro D.

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